En el oeste bonaerense una empresa tiene la llave para producir carne con todo en campos bajos

Publicado: 11/09/2023 10:09h. Lecturas: 1811

En La Guagua realizan distintos procesos de mejoramiento del tapiz natural, inseminación artificial al 100% de las vacas, corral de inicio para la recría y servicio de vaquillonas a los 15 meses.

En el oeste bonaerense una empresa tiene la llave para producir carne con todo en campos bajos
“La Guagua” es una empresa agrícola-ganadera con varios campos en el partido de América y Carlos Tejedor, en el oeste de Buenos Aires, donde produce granos, carne y reproductores. En los sectores más bajos desarrolla planteos ganaderos de punta, que incluyen el mejoramiento del tapiz natural, la inseminación artificial del 100% de la vacas, corral de inicio para la recría, servicio de vaquillonas a los 15 meses, trasplantes embrionarios y un manejo sanitario con un enfoque integral en la salud animal. El campo fue presentado, mediante charlas y recorridas por diferentes lotes, en una reciente reunión organizada por Select Debernardi, que reunió a 650 participantes provenientes de distintas zonas del país.

“La firma La Guagua, de Lucrecia Scarella, maneja 2000 hectáreas en América entre propias y alquiladas. Son varios campos de distinta superficie, con partes buenas y malas, en las que se combina la agricultura con la ganadería. En muchas de las fracciones las aguas son de mala calidad, salinas, lo que configura una limitante para la producción”, expresó inicialmente Santiago Debernardi, gerente comercial de la empresa, al oficiar de presentador.

“La ganadería se desarrolla en los sectores bajos de los campos, que sostienen 750 vacas madres más 100 receptoras de trasplante embrionario. Hay vientres de pedigrí y puros controlados en la cabaña y generales sin registro. Entonces, además de carne, la empresa ofrece toros y hembras seleccionadas en venta particular y en remates”, agregó.

Cambios en la cadena forrajera
“La producción de forraje es lo más importante para la empresa”, definió a continuación Debernardi. “En una primera etapa, las vacas estaban alimentadas de manera excelente. Durante el verano aprovechaban pasturas con alfalfa; luego, en otoño e invierno iban a bajos complementados con silo de maíz, para volver a la alfalfa en primavera. Con esa alimentación se preñaban todas las vacas, pelechaban temprano y conservaban un estado espectacular”, rememoró el orador.

“Destetaban un ternero que pesaba 250 kilos en abril. Luego pasaban a un corral ganando un kilo por día, para seguir luego con alfalfa, lo que permitía que llegar a la primavera con animales de 400 kilos”, añadió. Ese esquema generaba alta productividad, pero no era viable en términos económicos.

Por recomendación de asesores, que consideraban que era muy alto el costo de oportunidad de ese sistema, fueron virando hacia una a cadena forrajera más económica: en verano, las vacas pastoreaban campo natural; en otoño pasaban a sorgo diferido; en invierno, cuando las vacas comenzaban a parir, volvían a los naturales. Ese esquema tampoco funcionó porque los terneros llegaban muy sufridos al destete.

“Hoy buscamos un lugar equidistante entre los extremos anteriores de la abundancia y de la escasez. En el verano, las vacas pastorean campos naturales mejorados; en otoño, sorgo diferido con sal proteica para mejorar la digestibilidad; en el invierno pastorean raigrás implantado con sembradora Altina a los maíces en planta. Así se genera un cultivo de servicio entre dos cosechas y también comida para las vacas”, ilustró el disertante.

A lo largo del proceso descripto, los bajos sufrieron distintas variantes de manejo. Durante muchos años se hizo pastoreo continuo del pelo de chancho más silo de maíz con autoconsumo, un manejo que no dio buenos resultados.

En los últimos años, se sembró Melilotus al voleo con Altina, tras lo cual se ingresó con alta carga animal, para que las pezuñas pisotearan las semillas y germinaran al tener condiciones de humedad. Esa estrategia “dio muy buenos resultados porque el Melilotus mostró una asombrosa capacidad de adaptarse a los suelos salinos de los bajos”, destacó Santiago.

Otra técnica aconsejable en estos lotes bajos es el paso de un rolo pesado que voltee todas las malezas y material vegetal existente, de forma de picarlo y generar una cobertura que vaya mejorando las propiedades físicas y químicas de estos suelos con muy bajo costo. Es paso de esta herramienta también fractura los suelos salinos, lo que determina que el agua infiltre mejor y desarrollen nuevas especies forrajeras.

El corral de inicio
“Una herramienta que nos dio muchas satisfacciones, sobre todo para la hacienda destinada a la cabaña, es el corral de inicio luego del destete”, apuntó. Posteriormente, los terneros siguen en verdeos de invierno más silo de maíz con autoconsumo o repartido con mixer, tras lo cual las vaquillonas y toros para reproducción van a praderas de alfalfa durante el verano y el otoño.

En el segundo año, los machos que van a toros pasan a verdeos de invierno más silo, con una dieta TMR para apuntar a ganar 1,2kg/día y llegar a 600 kilos en agosto, cuando comienza la temporada de ventas.

Las terneras destetadas también van al corral de inicio, verdeos de invierno y pasturas de alfalfa en verano, para ser entoradas a los 15 meses. En otoño pastorean sorgo diferido con sales proteicas y después entran a comer verdeos de invierno generados a partir del voleo de semilla en los maíces.

Darío Colombatto, asesor de La Guagua, argumentó que “el corral de inicio, si bien no es una práctica novedosa, permite explotar el gran potencial de crecimiento que tiene el ternero destetado cuando, por edad, muestra gran eficiencia de conversión de alimento en carne”.

“Para la venta de reproductores, en el corral e inicio se apunta a ganar 800-900 gramos por día, durante 60-90 días, en vez de los 250 gramos que se pueden alcanzar en verdeos de invierno muy aguachentos en esa época”, diferenció. La dieta suministrada durante el corral incluye grano, silaje de maíz, suplemento proteico y minerales.

“Cuando los terneros salen del corral de inicio, con 500 gramos por día a favor, versus la recría pastoril, se alcanzaron 33 kilos más de res al finalizar una experiencia en la estación experimental de Anguil, versus los testigos sin corral. Además, los encerrados luego del destete dieron mayor rendimiento en carne durante la faena”, destacó Colombatto. En síntesis: el corral de inicio permite recrías cortas, con animales que nunca pierden la ventaja inicial obtenida.

Identificación individual
“La identificación individual es un elemento básico para poder tomar decisiones y trabajar con eficiencia en un rodeo. No obstante, es una falla sistémica en la mayoría de los campos, por excusas poco consistente como que ´las caravanas se pierden´, criticó a continuación Debernardi.

“No es tan difícil poner una caravana; es un horror reemplazarla cortando la oreja a la vaca que queda vacía, cómo se hace en algunos campos actualmente; da una imagen de ganaderos desalmados ante la sociedad que tiene que comprar la carne proveniente de esos animales”, fustigó.

“En La Guagua el 100% de las vacas tienen caravanas con un RP, un número propio que se le asigna. Los primeros dos dígitos son del año de nacimiento y se pueden agregar otros datos, como padre, madre, etc. Además, todas las nuevas camadas tienen chip electrónico combinado con el sistema Gallagher. Con esas herramientas se puede llevar una planilla donde se correlaciona el RP de la vaca con el número de Senasa y con el chip electrónico”, describió Debernardi.

“Los recorredores salen al campo con la planilla. Si uno ve que parió, por ejemplo, la vaca 21.324, con caravana de exportación H670, toma una caravana y un marcador y escribe el número de la madre, del padre, el día de nacimiento y el kilaje del ternero, y lo copia a la planilla”, explicó. Luego, al destete, el ternero recibe el chip electrónico, donde se le cargan los datos de la madre, el día de nacimiento, etc. Cuando se le da el alta para ser un toro o una hembra para reposición, se le asigna un RP definitivo, que se carga en otra planilla”, finalizó.

La utilidad de este sistema de identificación individual se ve durante las recorridas, cuando se evalúa un animal. Con los datos individuales, se pueden consultar toda su información productiva a través de un smartphone.

Debernardi también consideró como se manejan los aspectos reproductivos del rodeo. “Antes, cuando las vacas comían alfalfa durante todo el año, era muy fácil lograr altos porcentajes de preñez. Ahora, con una cadena forrajera más austera y condición corporal menor, hay que ingeniárselas para no comprometer los datos de parición. La información individual ayuda mucho para eso”, destacó.

“Para lograr altas preñez aunque el estado corporal no sea el ideal, se puede recurrir a la inseminación artificial a tiempo fijo, que permite sacar las vacas del anestro y provoca celos mediante hormonas”, continuó. También se puede recurrir al destete precoz, para sacar el ternero a las vacas con estado corporal inadecuado.

El directivo conto que, en La Guagua, el 100% de las vacas reciben servicio de primavera y que la vaca que no se preña se va del campo. El 100% de las vaquillonas es entorado a los 15 meses y la que no llega con desarrollo suficiente también se descarta. Además, todos los vientres tienen, al menos, una chance de quedar preñados por inseminación.

Debernardi también aconsejó identificar la “cabeza”, el “cuerpo” y la “cola” de la parición, con un sistema sencillo: a las vacas con preñez “cabeza” se les corta la cola al ras; al “cuerpo”, se le deja media cola y a la “cola” de parición, se le deja la cola entera. Esta clasificación permite dar mejor alimentación a cada categoría de vaca preñada.

Según contó el veterinario Julián Bartolomé en otro tramo de la reunión, la estrategia reproductiva empleada en la empresa incluye una primera y segunda inseminación artificial, y repaso con toros, para tratar de preñar las vacas lo más que se pueda con genética superadora.

En esa tarea el profesional observó que la inseminación artificial a tiempo fijo con GnRH dio resultados equivalentes a los de la aplicación de estrógenos, algo conveniente si en algún momento se prohíbe el uso de estos últimos.

Por otro lado, explicó que en la empresa se revisan clínicamente los toros y se hace una evaluación de semen previo a la venta, que permite descartar a los que tienen patologías del pene o prepucio y mala calidad de semen.

En la opinión de Debernardi, la inseminación artificial a tiempo fijo genera dos grandes beneficios en los rodeos. Por un lado se genera un impacto reproductivo, al sacar del anestro las vacas y conseguir más preñez “cabeza”. La otra gran ventaja es poder incorporar masivamente genes deseables en el rodeo para mejorar productividad y la rentabilidad.

Para aprovechar esas ventajas no hay una genética enlatada que se pueda aplicar. “Cada sistema productivo es distinto, con diferentes objetivos. Por lo tanto, hay que buscar la mejor genética que se adapte al sistema de cada empresa. Y no proceder al revés, adaptando los sistemas a la genética”, recomendó.

Para la elección de los reproductores, aconsejó tener en cuenta que “el toro es el embajador de un rodeo”. En el momento de elegir semen o un toro de una cabaña, hay que considerar que va a ser el vehículo para canalizar los genes acumulados en un rodeo. Entonces, cuando un productor compra un toro, lo más importante es evaluar el rodeo de dónde viene, no solo las pezuñas a los testículos. Y preguntarse: ¿es lo que estoy buscando? ¿la genética por incorporar es consistente? Recién después se debe analizar el fenotipo y los datos productivos del reproductor.

En la Guagua se utilizan vacas de crecimiento y producción de leche promedio, que es el tipo de animal que funciona en ese sistema. También se selecciona por docilidad y se busca que los vientres se mantengan consumiendo poco. En los toros se seleccionan animales que produzcan, a su vez, buenos toros, que además tengan precocidad sexual, apariencia masculina y facilidad de parto en la descendencia.

Sanidad
“Para asegurar la sanidad de un rodeo hacen falta productos de calidad, un plan sanitario consistente y una visión integral; importa el concepto de salud animal, que no es sinónimo de ausencia de enfermedades sino de considerar, también, las pérdidas invisibles subclínicas, que son muchísimas y se llevan mucho dinero”, definió Marcos Saint Martin, del servicio técnico de Biogénesis-Bagó, quien hace un seguimiento y complementa el trabajo del equipo veterinario encargado de la sanidad en La Guagua.

Por ejemplo, citó que en muchos campos hay enfermedades endémicas como la queratoconjuntivitis. “Si la enfermedad está presente, el primer paso debe ser diagnosticar el agente etiológico que la está produciendo, que se determina con un hisopado ocular”, alertó.

“En La Guagua identificamos una de las dos bacterias que la generan. Hay que considerar que no todas las vacunas tienen las dos bacterias. Entonces, con la muestra se hace un antibiograma y se ve qué antibiótico es más efectivo. “En los 500 pruebas que realizamos por año, encontramos que entre el 10 y el 20% de las bacterias son resistentes al antibiótico más comúnmente usado, la tilmicosina. Por lo tanto, hay que estar atentos en los tratamientos y si el animal tarda mucho en recuperarse será necesario cambiar de antibiótico”, aconsejó.

En La Guagua también monitorean las carencias minerales, sobre todo de cobre, que pueden ser leves o severas. Esa verificación determina la frecuencia de las aplicaciones por realizar.

También le da mucha importancia al monitoreo de la calidad del agua, que es el nutriente más importante para cualquier organismo. Hay que hacer análisis de los molinos y determinar la concentración de sales, sobre todo de cloruros y sulfatos, que pueden interferir en la absorción del cobre provocando pérdidas productivas importantes.

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